Flanders Chopper Bash, Assenede, B
Este plan salió redondo. Pero redondo de verdad.
La cosa pintaba bien desde el principio. Lo que el Flanders Chopper Bash había soltado por internet como agenda del finde prometía: buen rollo, risas a saco, charlas aceitadas sobre choppers, birras con colegas de siempre y nuevos fichajes, música en directo que revienta tímpanos y una resaca épica las dos mañanas. Suena como un planazo, ¿a que sí?
Así que subimos a nuestra montura de horquilla larga, la Black Beauty, metimos en la furgo una tienda para el stand con algunas piezas del catálogo, y tiramos para Assenede, en Bélgica, a unos 30 kilómetros al norte de Gante. Tocaba comprobar si el Chopper Bash había sobrevivido a su siesta de varios años sin perder el toque. Y nuestros recuerdos de concentraciones chopper en Bélgica eran geniales.
Y sí, fue un fiestón en toda regla:
entradas limitadas, normas claras y espacio de sobra convirtieron el finde en un desmadre relajado para la peña de la Kustom Kulture venida de 22 países distintos. Choppers guapísimos por todos lados, muchos con restos del asfalto y marcas de goma aún fresquitas del viaje hasta allí.
Charlas petroleras, saludos con motores gordos y un coro ininterrumpido de: ¡Proost! ¡Santé! ¡Salud! ¡Salute! ¡Cheers!
Y además: compras, tatuajes, calorías en todos los estados posibles, y dos días enteros de música en directo a todo trapo.
¿Y lo mejor de todo?
Las motos en la zona de exposición. Nada de coches ni nada que no fuera chopper —cero discusión. Solo un mar de Panheads, Shovels y Knuckleheads, alguna que otra Flathead, y muy pocas cosas que no llevaran ADN 100% Milwaukee.
Más rápido y más ruidoso de lo que da tiempo a mirar el reloj, el finde se esfumó, la doble resaca prometida se disipó y ya estábamos de vuelta en la carretera rumbo a casa.
¡Nos vemos en el próximo Flanders Chopper Bash!