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Wrecking Crew Diaries
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1996 Panama - Mud of No Return

1996 Panama - Mud of No Return

Qué diablos puede persuadir a cuatro hombres adultos sensatos para dirigir sus V-Twin al lugar en donde una miríada de mosquitos, guerrilleros desatados, paramilitares siniestros, narcotraficantes paranoicos y nativos desesperados impiden desde décadas que se finalice un trecho de un par de millas de la Panamericana. Algunos llaman a esta zona sin ubicación en el mapa, Tapón del Darién, para los cuatro que estuvieron allá es la madre de todas las carreteras, el barro sin retorno. La cabalgada partió montando motocicletas del mundo maravilloso de los tractores Milwaukee modificadas decentemente con piezas de las profundidades de los estantes de W&W. Después de pasar controles policiales, encontrarse con camioneros homicidas y masas de cucarachas, de dormir en colchones de hotel en pésimo estado, cruzar ríos, aguaceros, de tomar cerveza Panama y toparse con distribuidores desplazados a la fuerza, llegó la cabalgada panamericana más tarde al barro. Un barro más allá de toda imaginación. Barro del que sólo un todo terreno Big Foot podría rescatar a los conductores intrépidos. Un terrón de este barro conservado como una pieza de arte todavía se puede encontrar en la caja fuerte de souvenirs de W&W climatizada. Como mensaje a la posteridad: no hay ninguna carretera tan implacable como la madre de todas las carreteras, la carretera Panamericana.

Día 4, jueves 4 de enero
Puntualmente a las 8am, más bien a eso de las 9am, empieza el viaje con dirección a la carretera Panamericana. De forma relajada uno toma rumbo al Cerro de la Muerte, el paso de la muerte. Pero incluso en la fase de inicio se hace una parada inesperada: de manera rutinaria, la policía local realiza controles de tráfico como medida de disuasión contra el robo de vehículos. Durante este encuentro con las fuerzas del orden local se demuestra una vez más que incluso un reloj de mano con las dimensiones de una tapa de primaria no puede ser nunca tan grande – sobre todo cuando El Comandante lo lleva puesto – ya que el control dura solamente la mitad de lo que habitualmente duraría.

Después, durante el recorrido por el Cerro de la Muerte la temperatura cambia de calor tropical a unos refrescantes 0° en 3500 m de altitud. Esto ocasiona un verdadero desafío no sólo a lo que se refiere la tecnología de ropa, sino también una buena y extraordinaria razón para el cambio de conductor.

Gerardo y Darius se emrumban cuesta abajo, y antes que se unan a los otros, tuvieron un encuentro de muchas toneladas. Con mucho dinamismo doblan de una curva vertiginosa e interminable a una recta corta, y justo ahí se les aproximan dos camiones. Estos estaban distribuidos de manera poco hábil en el carril izquierdo y derecho, además los dos juntos eran más anchos que la vía. Por suerte la cuneta es suficientemente ancha y con acolchado suficientemente blando, y gracias a la rápida reacción de los dos se impidió una tragedia. Pero un camión no pudó evitar darle un pequeño golpe a Gerardo.

Cuando ellos encontraron a Wolfgang y Klaus, uno de los camioneros arrepentido estaba repartiendo piñas de su carga como consuelo. Las abolladuras más graves fueron arregladas, los conductores fueron intercambiados nuevamente y el viaje siguió su curso con Darius y Wolfgang al frente del manillar hacia San Isidro de El General – en medio de la reserva natural Río Macho.

Detrás de San Isidro las curvas se disminuían significativamente, pero a cambio de esto, una especie de reserva natural aparece como un conjunto de baches maliciosos. Pero, en realidad esto no debe ser una razón de queja durante un viaje de prueba. ¿Y también en dónde? Seguro que no en el poblacho de la frontera Paso Canoas, donde los cuatro pan-tásticos dejan Costa Rica y en tierra de nadie hacen descansar el cóccix sacudido en cuatro confortables camas tan pequeñas como caja de zapatos. Las motocicletas son aparcadas elegantemente por sugerencia del mánager del hotel en el lobby...
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Día 5, viernes 5 de enero
Temprano por la mañana llegan las motocicletas al lobby del hotel y con buen humor se empieza el viaje hacia la frontera con Panamá. Lamentablemente los hombres de la aduana panameña se dan cuenta que los sellos de salida en el pasaporte son del día anterior. Incluso las muchas explicaciones de nuestra parte de por qué y cómo y que uno ha estado tan cansado, y en general ellos debían hacerse de la vista gorda - pero nada ayuda. Así que las motocicletas fueron giradas con rapidez y regresamos nuevamente a Costa Rica para recoger los sellos nuevos. Y de nuevo regresamos, logrando entrar finalmente a Panamá.

¿Eso es lo que pensaste? – pero aún teníamos que pasar por un par de sitios oficiales en donde teníamos que pedir algunos permisos. Y siempre por turno: Migración, Aduana, Policía Técnica (algo parecido a TÜV pero en contraste con el alemán, los codiciados sellos son distribuidos más bien informalmente y sin haber echado una mirada detenidamente) Policía Tráfico. Y por último, el Señor Fumador – el cual no se interesa por tabaco sino se encarga de que nadie ingrese animales pequeños, como por ejemplo, el infame agarrotamiento del pistón.

Después de haber superado las dificultades burocráticas, el siguiente camino nos lleva a David/Panamá donde alquilamos un Toyota Land cruiser para transportar el extenso equipo de fotografía y al cuarto hombre, más o menos con comodidad. Uno se acerca a la ciudad de Panamá lentamente pero con seguridad. Esto se reconoce por el hecho de que los atascamientos son cada vez más frecuentes y más largos. Hasta que a unos 10km antes de llegar a la ciudad de Panamá ya no se puede seguir más. Las carreteras calientes evaporan los chubascos cortos en el aire del crepúsculo y el caos circulatorio aumenta con cada kilómetro en dirección a la ciudad:

Antiguos autobuses americanos sin escape realizan carreras entre sí y tratan de apartar todo lo demás fuera de la carretera. Los tractocamiones sobrecargados y los innumerables taxis también tartan de hacer lo mismo. Aquí el aficionado de las motocicletas viaja arriesgando su vida. Y se tiene poco tiempo para comprobar que el invento muy útil de las señales de tráfico aún no ha sido propagado hasta más acá.

Así, cada uno dobla a la izquiera o a la derecha a placer y discreción, luego se sigue siempre derecho y y antes de que uno se de cuenta, los cuatro se encuentran en el centro de Panamá Viejo. Lo que pretende ser un placentero recorrido por la ciudad vieja, resulta ser un pequeño viaje por el infierno de un ghetto donde el rincón más oscuro del Bronx parece ser un parque infantil de ensueño. Después de un largo slalom entre los guardias de seguridad con escopetas de perdigones parados en frente de tiendas y restaurantes y grupos de polícias muy armados, los cuatro decidieron registrarse rápidamente y sin grandes histerias en el hotel más cercano. En las – bueno, digamos, habitaciones modestas – las cucarachas celebraban un desfile de bienvenida alegre, al cual los cuatro no le prestaron la atención, que quizás se hubiese merecido, debido a su cansancio de plomo. Incluso no perdieron mucho tiempo en verificar las camas que evidentemente no habían sido mudadas desde hace mínimo tres generaciones de dueños del hotel: utilizamos un poco de Baygon sobre las camas, luego nos echamos con todo y ropa y listo. Estabamos hecho polvo. Una que otra botella de cerveza „PANAMA“ se cristaliza rápidamente como un rayo de esperanza en la noche y burbujea por las gargantas sedientas causando relajados „Aaaha“ y „Ooohs“.
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Día 8, Lunes, 8 de enero de
Las provisiones están completas, nuestra ropa huele fresca como una brisa de primavera y la carretera hacia el Sur nos llama. Partimos en dirección a Chepo, y en los primeros 100 kilómetros nos va bien. Después, el asfalto termina. Y la lluvia comienza. Una de las motos decide que no le gusta la lluvia, y en vez de enfrentarla, salta el contacto del encendido. Por casualidad, es la que no hizo el viaje de prueba de 1000 kilómetros por España.

Los muchachos aprovechan la situación para cambiar el distribuidor. Después de haber sacado con unos golpes de martillo precisos varias estrías de refrigeración, los cuatro mecánicos se dan cuenta de que el distribuidor es desmontable in situ. Bueno, ¿quién necesita estrías? Ya estando en eso, cambian también los contactos y ajustan el encendido. Después, regresan a la ruta de grava. Las piedras grandes y pequeñas en el camino fatigan a los Cuatro Pantásticos, igual que la lluvia. Poco a poco se siente como viajar en un submarino.

Pero como es característico de los submarinos, a veces salen a la superficie. Y qué mejor motivo para hacer esto que uno de los paraderos al lado de la carretera. Los muchachos llenan sus estómagos agitados con buenos trozos de pollo y cerdo, y admiran la carretera de asfalto que es la atracción turística de este pueblito.

Después de subir y bajar un par de veces por la calle principal, para no olvidarse de lo bueno que puede ser una calle, los muchachos se dedican a cosas entrenidas, como hacer competencias de quien tiene los dedos más ablandados por la lluvia. Darius recibe un 7.3 y gana sin dejar lugar a discusiones.

ste es todo el entretenimiento que tenemos porque, como buenos conocedores del Trópico, sabemos que en esta zona a las 6 pm la oscuridad ya reina sobre el día. Así que los cuatro avanzan con afán, en busca de un motel, un hotel, un garaje, o lo que sea. Sin embargo, lo único que se parece, más o menos, a un lugar donde conseguir una cama para dormir, es un pueblo de los indígenas kuna.

Un poco de negociar, y el techo sobre las hamacas está asegurado. El pago se hace con azúcar, harina y enlatados, la moneda perfecta en un lugar donde el próximo supermercado está a una distancia de 250 millas.

La ceremonia ya tradicional de reducir las reservas de cerveza al anochecer, en la cual también participa el cazique, se interrumpe por los primeros contactos con mosquitos y cucarachas enormes. El repelente de la US Army resulta muy eficiente contra los mosquitos, mientras que las cucarachas son atacadas de manera eficaz con el pulverizador Baygon. ¡Pffnz! Con un gran estallido estremecedor que se escucha por toda la selva, los bichos gigantes dicen adiós a este mundo. Mejor no intentarlo en casa. Un espectáculo que es, sin embargo, enseguida vengado por La Gran Cucaracha, con una pesadilla tremenda:

Adormecidos, los cuatros están acostados en sus hamacas cuando de repente se escuchan unos zumbidos por el follaje. Con fuerza intentan abrir sus ojos, sólo para verse rodeados por miles de cucarachas gigantes, armados hasta sus dientes débiles con logos Honda y pegatinas Yamaha. Con cables de encendido esposan a los Cuatro, los arrastran encima de una montaña de arroz y los amarran a dos horquillas show gigantes. Después, la tortura empieza: las dos panheads se envuelven con las pegatinas, se acerca un gran camión y baña las motos con galeones de Baygon. ¡Pffnz! Con un gran estallido estremecedor que se escucha por toda la selva, las big twin explotan sacudiendo a los cuatro de sus sueños. Gracias a dios, las motos todavía están donde las dejaron anoche.
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Día 9, martes, 9 de enero
Para el desayuno, el chef de la cocina sirve exquisiteces de la cocina de supervivencia. Después las motocicletas fueron preparadas y conducidas en dirección Agua Fría. Como ya antes se había anunciado con sutileza, el viaje se asemeja más bien a la cabalgada sobre un ariete a vapor que a una elegante excursión con motocicleta por el Spessart. Mientras más uno se acerca al sur, más grandes son las brechas en la capa de grava. Y sólamente debido al control acrobático de sus cuerpos bien tonificados, los cuatro pan-tásticos consiguen hacer soportable el estado de la carretera.

Una pequeña pausa y un cervecita parecen ser casi como un milagro, como una estupefaciente fuente de la juventud. Cada milla es una lucha entre baches, barro y chubascos. No es de extrañar que a los cuatros les parecía que el camino los conducía directamente a la nada.

El día se acerca más a su final, y un alojamiento para pasar la noche debe ser encontrado. Y se encuentra luego a pocos kilómetros fuera de las pistas en el asentamiento indígena de Santa Fe. Pero el pequeño desvío valió la pena: dos cuartos dobles con „ducha“. Y esto es lo que uno ve ahí: el cuarto es un tipo de armario transitable y la ducha es un corredor con olor a moho de 80 cm de ancho con tina y un vaso de plástico. Inclusive se ofrece una vista libre de todas las habitaciones. Bueno así uno no se siente solo.

Uno se dirije relajadamente, después de haberse duchado cuatro veces, a cenar en el Snack-Bar cercano, donde se ofrecen cosas ricas a la parrilla las cuales están tan bien asadas que nadie – ni que decir del jefe de cocina – puede decir realmente lo que fueron antes. En realidad nadie lo quiero saber, ya que hambre es hambre y selva es selva.

Como guarnición para calmar el hambre había, por lo menos, raíces de yuca que uno podía fácilmente reconocer por el sabor distintivo a medias remojadas. La cerveza Panama se encarga de eliminar la sensación de harina en el paladar – servida en una botella de ¾ litros. A su regreso Wolfgang descubrió que el cuarto fue puesto a disposición de la asociación de avicultura como cámara de cría. Es por ello que él decide pasar la noche en el todoterreno donde las últimas dos botellas de vino garantizan un profundo sueño. Menos de media hora y menos de una botella de vino más tarde, Klaus también aparece en el vehículo y juntos se encargan de erradicar profesionalmente la bebida de uva. Es por ello que los dos pasan de alto que el vehículo está aparcado entre charcos de lodo y ciénaga, y a la mañana siguiente amanecen llenos de picaduras de mosquitos.

Pero a quén le importa: el sueño es sueño y la selva es selva.
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Día 10, miércoles 10 enero
La noche es corta, el despertar un suplicio y el camino hacia Yaviza, el punto final de la Panamerica, aún está lejos. Aún más lejos, ya que uno de los neumáticos produce un efecto débil en el siguiente pasaje de barro y oscila desorientado sobre la llanta de un lado a otro. Sin embargo, lo cuatro pan-tásticos siguen luchando hasta que debieron constatar que la válvula se había roto de la manguera. Que bien que uno lleva consigo un Super-Especial-Tours- Easy-Lift que también podría ser usado como un bidón de combustible en caso de emergencia.

¡Zona de Peligro! Una fuja en unos de los bidones puede conducir a una estricta prohibición para fumar durante el cambio de neumáticos. Entonces: a la carretera, o mejor dicho, a lo que queda de ella. A continuación, los huecos, ya antes mencionado con frecuencia, son tan grandes que toda la carretera es sólo un único hueco y estos están hasta el borde llenos de lodo.

Con cada metro se adentraban las Pan-Americanas con más profundidad en la ciénaga viscosa. Aquí, el todoterreno, que al comienzo había sido tan útil y práctico, se convierte en el problema principal para superar los siempre recurrentes pasajes de lodo de 50 hasta 150 m de largo: los surcos, que “El Tractor” un Big-Foot-Toyota remodelado recorriendo la ruta como polícia-taxi-transporte-ADAC, deja, tienen 40 cm de ancho y de profundidad. Lo suficientemente ancho para que las motocicletas – aunque también con aceleración – pasen, pero muy profundo para el todoterreno. El motor se para una y otra vez. Sólamente gracias a la ayuda de un par de indios que pasaban por casualidad por ahí y de árboles entrecortados y toneladas de piedras – ténganse en cuenta que había 40° en la sombra y 200% de humedad – se consiguió liberarlo. Este procedimiento se repite continuamente y tiene un impacto negativo en la velocidad del viaje: en 6 horas apenas sólo 5 kilómetros.

Y aún faltaban 20 km hasta Yaviza, el último asentamiento importante antes de Colombia. Debido a unos cálculos aproximados que demostraban que el viaje duraría aprox. hasta el año 2027, se decidió que Klaus & Wolfgang continuen el viaje con las motocicletas, mientras Gerardo y Darius se encargarían de cuidar el todoterreno. Los otros dos organisarían – si es que pueden conseguir pasar – „El Tractor“ que pondría al todoterreno en seguridad.

Solamente con motocicletas se logra seguir un poco más rápido. Pero una y otra vez, las colinas decoran el camino y forman una especie de puente temporal sobre árboles caídos. Pero como los dos no pueden ver lo que hay detrás, deciden separase: uno sube, obserba y luego informa. Wolfgang va primero y lo que e detrás, es el puro horror fangoso. Fango, lodo y cieno hasta el horizonte y ninguna huella de un tractor. Wolfgang no lo quiere reconocer y regresa. Él deja que Klaus verifique. Pero él también reconoce que el viaje ha finalizado aquí.

No queda tiempo para lágrimas de decepción, pues ahora lo importante es seguir el camino de regreso y llegar al todoterreno antes de la puesta del sol. Esto apenas se logra. Los otros dos, mientras tanto, han encontrado a un indio en cuyo terreno pueden colgar las hamacas.

Ya que durante la exploración se acabaron las últimas reservas de agua, se ve con mucho placer un arroyo que está murmurando cerca de ahí. Después que todos se han refrescado lo mejor posible en el agua temperada, los cuatro se encargan de desinfectar el agua con el filtro Katadyn y hacerla potable. Como sólo se consigue un medio litro de agua bombeando una media hora y para esta ganacia se necesita un medio litro de líquido corporal, se ignoran las advertencias y uno toma así nomás. El par de amebas …
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Día 11, jueves 11 de enero
El chirrido matutino de las cucharachas hace despertarnos para el desayuno: huevos cocidos pasados por agua, café gourmet y cruasanes recién hechos – quien lo cree, será dichoso. Sin embargo, recién fortalecido uno se siente satisfecho con el funcionamiento de prueba del engrase de alto rendimiento „"Multi-Matsch-o-matic".

Por la noche, la lluvia impidió que los cuatro pan-tásticos sigan su camino y por ello hicieron un pequeño descanso. E resultado de esto fue que el lodo logró asentarse un poco. El apuro que Wolfgang tenía por partir en seguida antes de que empezará a llover - y a lo mejor el tractor había removido todo nuevamente - ocasiona a un motín. Recién la esperanza de esperar un barril semilleno para ducharse en Santa Fe, calmo los ánimos. Pero todo se repite durante el camino de regreso a través del lodo. El todoterreno y las motocicletas se han devuelto nuevamente más metros. Wolfgang pasa por un pasaje de lodo y no se da cuenta de la piedra grande que se había colocado antes para marcar el camino en el cauce. La placa deslizante levanta la moto hacia la derecha y la bota hacia la izquierda. La buena noticia es que el motor se apagó gracias al Deadman-Switch. La mala es que Wolfgang, que está aprisionado con la pierna izquierda entre la motocicleta y el surco de lodo, tiene que sacar a golpe de pala la piedra con la mano derecha y el pie derecho, equilibrar y luego arrancar la moto en el fango. Gracias Panhead, pues funcionó con la primera patada.
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Días 12-14, viernes – domingo, 12-14 de enero
Inmediatamente después de despertar se siguió con el viaje. Y con la lluvia también. Por desgracia el encendido también la nota y el cilindro delantero de la Panamericana II hidrofóbica se para nuevamente. Pero esta vez, nadie se detuvo por el problema de húmedad en el encendido. Los cuatro sólo tenían un pensamiento en la mente: las habitaciones en El Panamá. Así que se maneja tan rápido como sea posible y no se intenta repararlo, sino se sigue el viaje con un cilindro: nothing beats cubic inches. Pero uno tiene que tener suficiente.

El viaje hasta Cañita dura unas 6 horas, donde los cuatro – igual como en el viaje de ida – toman una merienda en la cantina preferida. Mientras que el sistema digestivo cambia a actividad intensa, la lluvia para y he aquí, los dos cilindros funcionan nuevamente. Los cuatro se dirigen a la ciudad de Panamá con más potencia y velocidad, llegando después de 3 horas.

Dia 13

Se arrodillaron y agradecieron al Señor que ya habían reservado las habitaciones en El Panamá antes de la partida. Pues al llegar, los cuatro pan-tásticos se ven como la familia Monster del pantano. Y no tan sólo es la apariencia: amigos estén felices ya que esto aquí no son páginas de Scratch’n’Sniff.

Después de 9 horas de viaje sobre bastidor rígido, la firma sobre la carta de crédito no tiene nada que ver con la firma que proviene de las manos vibrantes ya que fueron las manos las que lograron absorber los golpes y no las horquillas Showa ... las manos que juntas dirigen al lapicero.

En cualquier caso, y de alguna manera, el portero todavía se enterneció y les da a los cuatro dos habitaciones de lujo. Ahí, primeramente se limpian los cuerpos desde el exterior, para lo que se requiere muchas horas. Luego, se hace entrega de la ropa a la lavandería del hotel. Ahí el furor fue demasiado ya que nunca antes se percibió un olor a sucio, barro y a sudor penetrante y adormecedor de nariz, exepto tal vez en un estable de 12 metros cuadrados sin ventanas con una manada de toros almizcleros dispuestos a aparearse. Los cuatro festejan esta actuación memorable con el lavado profundo de los valores intrínsecos por medio de refrescos locales ricos en vitaminas.

Dia 14

¡Oh, que bueno es tener un día libre! Uno lo utiliza para el servicio al cliente en cuerpo, alma y motocicleta: engrasar cadenas, drenar el encendido, cambio de aceite, echarse sobre los colchones, comprobar el cociente del ronquido y elevar el factor de vaganbundeo. El lavado del todoterreno se le cede a una pandilla que después de varias negociaciones sobre la cantidad de dinero se deja convencer de liberar al vehículo de aprox. media tonelada de barro por dentro y fuera.
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Días 15-16, lunes-martes 15-16 de enero
Algo nuevo: está lloviendo. No poco, sino tan fuerte que uno tiene el sentimiento como si uno se estuviese desplazando sobre el Canal de Panamá. No es de extrañar, que se echa a suerte durante el desayuno, quien sería el conductor. Pero después de aprox. 100 km de viaje bajo agua, los cuatro pan-tásticos sobrepasaron la lluvia y siguieron el viaje con un sol brillante. En el camino a la frontera con Costa Rica se lleva a cabo una primicia mundial: ante la mejor publicidad de cerveza del mundo para la peor cerveza del mundo, W&W presenta el nuevo sistema de montaje lateral para la placa de matrícula. Poco antes de Paso Canoas, Gerardo fue apartado por un taxi hacia la pista izquierda justo cuando un tractocamión venía en dirección contraria. Gerardo sube primero al hierro y luego se desmonta antes que la Panhead pare el tractor deslizándose como una cuña de freno debajo de los neumáticos, logrando rozarlo. Gerardo se salva con lesiones de menor importancia, lo que esta vez no se puede afirmar sobre la Panhead. Los cuatro pan-tásticos son tan simpáticos que ayudan al camionero a cambiar los neumáticos y sacan a la Panhead de debajo del tractor.

Por lo tanto es evidente que en este día ya no se puede cruzar más la frontera. Gerardo y Klaus se encargan de encontrar un lugar para alojarse, mientras Wolfgang y Darius comienzan a desmantelar la Panhead. Un compasivo aficionado de motocicletas panameño pone su jardín a disposición, un restaurante de pescado de la zona su soldadora autógena y un estación de gasolina de la esquina ayuda con intrumentos pesados como prensa, máquina de doblado de tubos y un martillo pesado, para perfilar los discos de freno.

Alrededor de la medianoche, el carburador está pegado con silicona, los tubos están rectos, los reposapiés contruidos de restos de metal y la motocicleta funciona otra vez como si nada hubiera pasado: Old Harleys never die. En el hotel, los ánimos exaustos se recuperan con una botella de ron y al cuerpo se le receta sueño profundo.

Dia 16

Después de un abundante desayuno de Alka-Seltzer, los cuatro pan-tásticos se enrumbaron finalmente hacia la frontera con Costa Rica. Cruzar la frontera trae consigo un nuevo desafío: al intentar alquilar un auto, los cuatro fueron remitidos a un negocio de alquiler de autos, que se encuentra a unos 50-60 km bastante apartado de la Panamericana. En Golfito, directamente frente al Pacífico. Antiguamente era un puerto bananero de fama mundial, en la actualidad un pueblo loco soñador, Golfito no tiene autos de alquiler en almacén, pero una sucursal de la cadena gourmet „Chez Gott“: un francés que se había instalado años atrás en Golfito y ofrece camas limpias, excelente comida, buen vino y pescado fresco. Y justo aquí el apreciado huésped tiene la posibilidad de elegir entre animales pequeños, medianos y grandes enteros. "¡Grande!" grita Klaus "El Paparazzi" Hagmeier que obedece a su estomágo y a su boca – lo que luego se sirve, es un animal con aletas tan similar a un tanque de Sportster – sólo que mucho más suave y fácil de digerir. Esta recepción de calorías exuberante catapultó un poco más tarde a los cuatro directamente en la cama y de ahí en un sueño profundo.
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Días 17-20, miércoles-sábado 17-20 de enero
Después de haber descansado muy bien por la noche, también se decide pasar este día en el cómodo Golfito. Por ejemplo, soñando con un viaje por la Panamericana sin baches. Pero un momento, ¿no había por el camino un pista de aterrizaje? Los cuatro se montan a sus motos y se ponen en marcha. Por unos pocos marcos alquilan un Cessna viejo, inclusive piloto y viajaron muy bajo sobre el Río Fixaola y luego muy cerca sobre la cima de la selva, sin brincos por toda la Panamericana. Los discos intervertebrales logran respirar y la musculatura glutea se relaja con sensibilidad.

Después de aterrizar, los cuatro pan-tásticos se abalanzaron sobre los restos de pescado del día anterior, que no perdieron nada de su exquisitez.También las camas son tan suaves como la noche anterior y el sueño es tan profundo como los baches, que hay que volver a encontrar pronto.

Día 18

Nadie tiene prisa por volver a ver la carretera llena de baches. Por ello, la partida se hace de manera relajada. Alrededor del mediodía, los “dos x dos” cilindros, las ruedas correspondientes y la tripulación se ponen en movimiento: San José llama. Pero antes de llegar a la gran ciudad, los dioses de la selva tienen que afrontar aún unos pocos cientos de kilómetros de pista, fuertes lluvias (¡quien lo hubiera pensado!) y una sorpresa: Un especial atajo corto desde Golfito de hasta la Panamericana resulta ser un desvío corto. Pues, el puente colgante, que aparece ahí de la espesura de la selva como Indiana Jones de la ciénaga, se presenta como si estuviera afectado por la epidemia Panamericana: un bache persigue al siguiente. Ojalá que no se necesite explicar lo que significa baches en un puente colgante de madera sobre un cañón de por lo menos 30 metros de profundidad. Sobre todo el material alrededor de los agujeros resulta estar bastante podrido. Es cierto que los cuatro pan-tásticos logran cambiar un par de tablas por un material más nuevo, pero sobre el puente sólo se aventura uno hombre cansado de la vida a pie y una media rueda trasera.

Así que uno prefiere volver por rutas convencionales a la Panamericana e instalarse en San Isidro por la noche. En un hotel de primera clase, donde los daiquiris pertenecen más bien a la clase turista – de color rosa con sabor a goma de mascar...bueno, al menos las camas están libres de animales y tienen claramente más de 160 de largo. Realmente, esto significa algo.

Día 19

Al otro día las Pans se enrumban cuesta arriba al Cerro de la Muerte, esta vez en otra dirección, sin encontrar algún tipo de camión y directamente a través de las nubes en el cielo despejado.

Finalmente. De vuelta en San José por la tarde. Fiel al viejo refrán costarricense: „Si vienes de casualidad a San José algún día cuando no es tan tarde, oye, ¿por qué no entonces vas directamente al bar de la esquina? Esto es todo, caramba“. Dicho y hecho, matamos la sed con una botella Centenario. Ahora uno estaba en buenas condiciones, ahora uno recién podría empezar. En marcha al mejor bar de la ciudad, de buen estilo colonial, buen ambiente, buenas chicas, buen ron, 24 hours a day, 7 days a week – casi como en casa en W&W, solamente que allá no hay ron.

Día 20

Y como la concidencia así quiere, la siguiente mañana llega más rápido que el regreso. Así que uno se ahorra el regreso para poder desayunar en paz. Ah, eso se siente bien. ¿Y ahora una cerveza? Así que otra vez en dirección al bar habitual y mientras uno se la pasa discutiendo sobre motocicletas y motores, amanece otra vez.
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Día 21, sábado 21 de enero
Una nueva mañana, un nuevo desayuno – y todavía no lejos de la barra y sin haber llegado a la cama. Pero basta por ahora. Ya que la naturaleza atrae. Después de un interminable viaje por la carretera a la costa del Caribe, la carretera conduce exactamente al Río Toro Amarillo. Y, justo antes de este, el Sr. Juan Arrieta Chares tiene su casa con un bar integrado conocido como El Ranco Juanzón. Aquí las actividades de ocio requieren aún la concentración y los nervios de acero. Muy popular: la captura de ranas venenosas – pero que hace uno con uno de los animales más venenosos de Centroamérica si uno no tiene cerbatana.

Se prefiere mejor atrapar una Bothrops schlegeli plegando el caballete lateral – una Bocaraca sobre la cual el Señor Brehm escribe muy floridamente en su “Vida de Animales”:

"Desde la vista de arriba, su cabeza se ve claramente triangular y deja reconocer especialmente la fuerte formación de las glándulas de veneno y los correspondientes músculos. Dado que el veneno es extremadamente fuerte, el hombre puede morir después de un momento si es que se inyecta la completa cantidad de veneno. Como consecuencia directa de una mordedura la piel se enrojece y la carne se pone horriblemente negra y luego la coloración se expande por todo el cuerpo e incluso los ojos se inyectan de rojo…"

Hubiera sido mejor si el Sr. Schmidt hubiera leído esto antes ya que de pura alegría coge al reptil en el cuello y recién por la intervención fuerte y chillante de Juan le parece que esa criatura no ha nacido para hacer bromas con ella.
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