Live To Ride, Tombstone, AZ
Lápidas y montones de metal
Cuando una ciudad se llama Tombstone —«lápida»— y está en algún lugar de Arizona, cabe esperar una buena dosis de Salvaje Oeste. Basta con echar un vistazo por el retrovisor: aquí, el 26 de octubre de 1881, tuvo lugar el legendario tiroteo del O.K. Corral, con los tres hermanos Earp, su amigo Doc Holliday y un puñado de cuatreros de dudosa reputación. Más de un pistolero recibió su última bala en este duro rincón del Oeste («The Town Too Tough to Die»), algo que hoy se recrea con regularidad, con balas de fogueo, para turistas en busca de emociones fuertes.
Pero este fin de semana,
lo que tronaba era otra cosa: el rugido de los escapes de cientos de choppers que llegaron para Live to Ride Tombstone, en las polvorientas calles del centro, entre matojos rodantes. El plan: Primer paso, llegar. Segundo paso, pedirse una cerveza, pasear sin prisa —¡ojo con los caballos!— y disfrutar del espectáculo.
Entretenimiento no faltaba:
bandas en directo, compras al estilo Wild West, las imprescindibles tiendas de tatuajes, descuentos especiales por toda la ciudad, un concurso de kick start, la posibilidad de ganar una chopper Shovelhead en la rifa y —con lo que volvemos por fin al tema que hizo famosa a Tombstone: la muerte— el desafío a la gravedad del «Ives Brothers' Wall of Death».